miércoles, 13 de marzo de 2013

El ser humano y la tecnología.


“Si los hombres de ciencia pudieran encontrar hoy en día el tiempo y valor necesario para considerar honesta y objetivamente su situación y las tareas que tienen por delante, y si actuaran en consecuencia, crecerían considerablemente las posibilidades de dar con una solución sensata y satisfactoria a la peligrosa situación internacional presente”
Albert Einsten “XLII Congreso de la Sociedad Italiana para el progreso de las Ciencias” , 1950.

Ante el avance -aparentemente ilimitado- de la ciencia y de la tecnología, el hombre confía en ubicarlo hacia fines éticos (objetivo que involucra el establecimiento de límites); en esto radica su principal finalidad, y mi mayor preocupación debido a mi formación jurídica.
¿Qué es la tecnología? Para delimitar el campo de trabajo, es menester caracterizar esta palabra, que tan usual se ha tornado en estos tiempos de la tercera revolución industrial.
Mario Bunge enseña que :
“Un cuerpo de conocimiento es una tecnología si y solamente si:
  • es compatible con la ciencia coetánea y controlable por el método científico y
  • se lo emplea para controlar, informar o crear cosas, o procesos, naturales o sociales.”
  • Conforme esta definición, se entiende por tecnología la técnica que emplea el conocimiento científico. Aún así, no debemos confundir técnica con tecnología. Verbigracia, se diferencia la técnica del programador de Software de la tecnología de la industria informática.

     El avance tecnológico
    ¿Pero, cuál es la razón que impulsa a la humanidad a producir las más variadas y sorprendentes innovaciones tecnológica?
    Stewart Richards , en su obra “filosofía y sociología de la ciencia” (1987), basándose en las teorías de J. Langrish (desarrolladas en el libro “Wealth from knowledge”, 1972), relaciona este cuestionamiento con una inquietud interesante: ¿La humanidad obra en respuesta a un “Empuje hacia el descubrimiento” o a un “Tirón de la necesidad”?
    Una clásica referencia a la primera cuestión es la exposición que ha hecho el Sr. Blackett, cuando fuera presidente de la Royal Society:
    “En forma esquemática simplificada, la innovación tecnológica de éxito puede describirse como aquella constituida por una secuencia de pasos relacionados uno con otro: ciencia pura, ciencia aplicada, invento, desarrollo, construcción de prototipos, producción, estudio de mercado, venta y ganancias”.
    Para el sociólogo Joseph Ben David las ventajas de la segunda teoría significan que la:
    “Relación de los problemas económicos y tecnológicos con la investigación fundamental es más predecible que la que hay entre la investigación fundamental y una innovación tecnológica económicamente útil.
    ¿En verdad toda esta problemática podría circunscribirse a una mera cuestión de análisis económico, o de venta? Resulta indignante que estas hipótesis se formulen mediante la vinculación del conocimiento y de las necesidades del mercado.
    Considerar que la totalidad de los avances de la humanidad obedece a los impulsos del vil metal, es igual que refutar la existencia del alma, y reducir la propia esencia humana a un conjunto de piel, carne y huesos con algunas funciones.
    La naturaleza del hombre es compleja, y está combinada por materia y espíritu (cuerpo y alma).


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